La importancia de los laicos en la Orden Dominicana hoy

Durante su reciente visita canónica a la Provincia de Malta (21-23 de abril de 2017), Fr. Rui Lopes, op, Promotor General del Laicado, dirigió un mensaje el sábado, 22 de mayo. A continuación el texto de su mensaje, que entendemos debe ser lectura obligada para todos los laicos del mundo:

Me ha ayudado en esta reflexión la reciente carta del Maestro de la Orden después del Congreso para la Misión de la Orden con la que cerramos el Año Jubilar. Este fue un momento particularmente encantador de comunión y familia. En el Congreso, y por primera vez en la historia, la Familia Dominicana reconoció claramente la importancia del Laicado en la respuesta de la Orden a la tarea de predicación confiada a nosotros por la Iglesia. De todos los grupos que participaron en el Congreso, el Laicado fue el más numeroso, y fue una alegría contar también con la presencia también del Movimiento Juvenil Dominicano. De hecho, como nos recuerda el Maestro en su carta, trabajar junto a los jóvenes y preparar el próximo Sínodo de los Obispos será una clara prioridad. Les invito a considerar algunos puntos importantes para ayudarnos a comprender el papel de los laicos en la predicación, para lo cual fuimos fundados por santo Domingo.

Una visión del carisma

El carisma dominicano es un don de Dios para la Iglesia y es reconocido como tal por la propia Iglesia. Su propósito principal es predicar para la salvación de las almas. Pero eso no es todo. Hay dos características que no podemos olvidar y que acompañan nuestra manera de proclamar este mensaje: La dimensión fraterna y la contemplativa. Sin estas dos características no hay una verdadera predicación dominicana.

Para ser más específico: el carisma dominicano no es una cuestión de vivir como individualistas. Antes hemos hablado de los miembros aislados del Laicado. Ciertamente, especialmente en el Laicado, hay hermanos que viven lejos de toda presencia dominicana, mas no deben sentirse aislados: deben buscar una verdadera comunión a través de signos precisos, porque nadie en la Orden debe sentirse o estar aislado en la vivencia de su vocación dominicana. En el carisma dominicano, la dimensión fraterna es vital.

No hace mucho estuve leyendo los pensamientos del Padre Lagrange, fundador de la École Biblique de Jerusalén. Para él, esa casa de estudios tenía que ser una en la que la oración común reflejara su propósito y fuera una parte importante de este.

En el Laicado, esta dimensión fraterna se desarrolla en la Fraternidad mediante la cual un laico se integra a la Orden de Santo Domingo. La Fraternidad debe ser reconocida como un lugar de predicación tanto como lo es en una comunidad de frailes o hermanas. Es un lugar de predicación porque está atenta a las necesidades de la Iglesia local, y a las necesidades de otros, incluyendo aquellos que no son cristianos. Es imposible concebir la evangelización sin esta dimensión comunitaria donde nuestra misión como predicadores tiene sus raíces. Toda la Iglesia también es consciente de esta dimensión comunitaria de la evangelización; la Iglesia necesita claramente comunidades eclesiásticas con un aspecto laical, que se hace visibles en la multiplicidad nuevos grupos de laicos que encontramos hoy.

La otra dimensión del carisma es la contemplación: contemplata aliis tradere. En su vida, la contemplación le dio a santo Domingo su capacidad de responder a los desafíos de la Iglesia allí en el sur de Francia donde nació la Orden. Los largos años de oración y estudio contemplativo de la Palabra de Dios lo llevaron a este gran cambio en su vida: “vir canonicus auget in apostolicum”. Hablaré del estudio más tarde, pero esto es parte de la dimensión contemplativa, que es precisamente este cambio de actitud para asemejarse a la actitud con la que Dios mira a la humanidad; esa mirada de amor que fue tan fuerte que le hizo enviar a su Hijo a este mundo. Encontramos ejemplos maravillosos de esta actitud entre los laicos dominicos, como santa Catalina o el beato Pier Giorgio Frassati. La dimensión contemplativa no es específicamente religiosa, sino que es, como la santidad, una vocación universal. Nuestras grandes figuras espirituales como Luis de Granada han propuesto un camino contemplativo para todos. Los laicos pueden ofrecer a la Iglesia y al mundo una verdadera experiencia de contemplación que el mundo contemporáneo necesita con urgencia y acoge de buen grado.

Una laica dominica francesa ha escrito un espléndido texto sobre la historia de la Orden titulado “Laicos en los predicadores”. Ciertamente, la vitalidad y belleza del carisma de la Orden necesita de esta dimensión laical para encontrar su expresión. Agradezco de todo corazón a los laicos dominicos que apasionadamente toman nuestro ser dominicos a tantos lugares eclesiales y sociales con gestos y palabras de profundo significado cristiano y humano. Su predicación acarrea signos fértiles.

La renovación de la eclesiología

Al leer el relato del Padre Congar sobre el Concilio, nos impresiona la gran cantidad de trabajo, la multitud de contactos, las largas noches de edición de los textos. Este gran compromiso y preocupación son la base de dos magníficos documentos que dieron un paso adelante: Lumen gentium y Gaudium et spes, junto a otras declaraciones. La primera brinda una nueva visión de la Iglesia; la segunda una nueva visión del mundo contemporáneo y la relación entre ese mundo y la Iglesia.

En cuanto a la visión de la Iglesia, sin duda la gran novedad es la presentación de la Iglesia como misterio de comunión, donde los ministros ordenados y los laicos son el Pueblo de Dios, participando juntos en la dignidad sacerdotal, profética y real que es un don bautismal para todos.

Sobre este particular el Maestro de la Orden Damián Byrne nos dejó unos textos maravillosos sobre la comunión en la misión de la Familia Dominicana. Es tal vez como consecuencia de esta nueva visión que la Tercera Orden fue renombrada Laicado Dominicano, evitando así una visión “piramidal” que no se ajustaría a la nueva visión de la Iglesia.

En mi experiencia, una de las cosas más maravillosas que he conocido ha sido esta experiencia de ver a los frailes, las hermanas y los laicos sentados juntos a una mesa, trabajando en la planificación del trabajo pastoral, incluso estudiando para la homilía que, obviamente, es enunciada por el ministro ordenado.

Considero que la planificación de la actividad apostólica puede ser importante en esta tarea de predicación. Tengo gratos recuerdos de cuando fui Promotor Provincial, sobre retiros para los laicos compartidos por ellos con frailes y hermanas.

Como ha sugerido el Padre Bruno una y otra vez, podemos ofrecer a la Iglesia -que sigue siendo, en muchos lugares, demasiado clerical- la experiencia de la vitalidad de una nueva eclesiología en la que la comunión y la complementariedad son una realidad que es experimentada y rinde frutos, con el debido respeto a la diversidad de ministerios y vocaciones, donde cada uno responde al Señor de una manera diferente, pero con profundo respeto el uno por el otro.

El Proyecto Salamanca

En el Congreso de Justicia y Paz celebrado en Salamanca el año pasado, el Congreso sobre los pueblos originarios en Guatemala, y el Congreso para la Misión de la Orden, del que ya hemos hablado, evocamos el proceso teológico de Salamanca. ¿Qué es este proceso?

Los misioneros del Nuevo Mundo, comenzando en la Hispaniola, ahora la República Dominicana, y México, enfrentaron un gran desafío ante el problema de las relaciones entre los colonizadores y los pueblos originarios. Necesitaban una lectura teológica más profunda y un trabajo jurídico con fundamentación sólida. Fue en la escuela teológica de Salamanca, particularmente en el trabajo del Padre Francisco di Vitória, que encontraron la respuesta a estos problemas.

La predicación dominicana apunta a llevar la luz a la vida, con respuestas verdaderas y profundas. Esta ha sido una característica constante de la tradición dominicana. Santo Tomás es un testimonio elocuente de esto en su propio tiempo.

La respuesta dominicana a las diversas situaciones debe ser profunda: se debe buscar una respuesta teológica para los diversos problemas. Una respuesta teológica no es sólo intelectual sino también concreta, una respuesta que ilumina las situaciones con la visión de la fe. Este trabajo exige un diálogo constante entre el trabajo apostólico y la reflexión, y es también una invitación a la colaboración dentro de la Familia Dominicana.

Estamos llamados a buscar nuevas respuestas a nuevas situaciones sin repetir aquellas respuestas fallidas que no ayudan y que no aclaran los problemas de las personas que recurren a nosotros.

Este proyecto del Proceso Salamanca debe ser más conocido y trabajado entre los laicos de la Orden. Al mismo tiempo, la rica experiencia de los laicos por su estado de vida y su presencia en diversos contextos puede plantear muchas cuestiones que deben ser abordadas teológicamente. Un ejemplo es el trabajo que debemos hacer en la Familia Dominicana. Por supuesto, es importante estar familiarizados con el Catecismo de la Iglesia y los documentos del Magisterio, pero también porque nuestra vocación es reflexionar sobre las situaciones en las que nos encontramos y ofrecer una respuesta concreta y clara de fe basada en la Palabra de Dios, en la enseñanza de la Iglesia, en la Tradición y en la reflexión teológica concreta y contextualizada.

Predicación

El objetivo de la Orden es predicar. Ciertamente este término es ambivalente y no se limita a la forma litúrgica, sobre todo a la forma reservada a los ministros ordenados. Durante los trabajos del Congreso, nuestro hermano Felicísimo habló de la predicación como un encuentro, y el Maestro de la Orden a menudo habla de ella como una conversación. Creo que todos tendemos a tener un concepto demasiado clerical.

En la carta del Maestro de la Orden a los laicos (2014), el Padre Bruno recordó la importancia de la experiencia laical en la predicación: la experiencia familiar, la experiencia laboral, en algunos casos el compromiso político y social – todas estas son oportunidades de predicar. El primer contexto de la predicación del laico es el espacio secular, lo que significa en la comunidad eclesial y en el mundo secular. En Santa Catalina de Siena encontramos una palabra de predicación en el espacio eclesial y en la sociedad civil.

No olvidemos que la predicación es una conversación o un encuentro donde la dimensión humana es fundamental, más aún cuando está revestida con el poder del Evangelio con dimensiones cruciales como la misericordia, el perdón, la acogida, la escucha, la solidaridad, la reconciliación y la comunión. El encuentro es siempre un regalo de amor, impulsado por el amor y manifestado en gestos de amor.

En la reciente carta del Maestro después del Congreso, habla de Escuelas de Predicación. Todos debemos aprender a predicar: Los frailes no tenemos el monopolio del conocimiento en este asunto; por el contrario, con demasiada frecuencia la predicación litúrgica de los frailes no llega a los fieles porque no escuchamos la sensibilidad laical: varón y hembra en su complementariedad. Una Escuela de Predicación en la Familia Dominicana no debe pasar por alto la opinión de los laicos, de los jóvenes, de las hermanas contemplativas y apostólicas junto con la de los frailes. Para predicar debemos aprender unos de otros. Ya no se trata de que hay algunos entre los frailes predicadores que son expertos en el conocimiento de la predicación. Dentro de la Familia Dominicana, en estos días en Madrid se celebra el primer congreso de marketing religioso, promovido por un grupo de laicos dominicos. Esta es una iniciativa que encuentro sumamente interesante porque une las destrezas técnicas y laicales con la predicación.

Para llevar a cabo esta misión de la Orden, es decir, predicar, necesitamos aprender unos de otros cómo predicar. Todos somos maestros y estudiantes al mismo tiempo. Sólo aprendiendo en la complementariedad de las diversas ramas de la Orden podemos aprender lo que significa predicar. Tal vez en esta última reflexión está la respuesta a la pregunta inicial: ¿cuál es la importancia de los laicos en la Orden Dominicana?

Mi respuesta es en la negativa: sin los laicos la Orden NO puede ser fiel a lo que es su misión en la Iglesia: la predicación. Sólo con los laicos y todas las demás ramas de la Familia Dominicana puede esta predicación ser la Palabra de gracia para el mundo de hoy.

[Texto traducido al español del original en el idioma inglés publicado en la página del Laicado Internacional, Fraternities OP:  http://www.fraternitiesop.com/promoter-general/rui-lopes-conference-laity-malta/]

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